sábado, 19 de diciembre de 2009

Ocurrió en San Nicolás, en 1952

El 20 de Diciembre de 1952, en la que se llamaba por entonces, "Central Eléctrica 24 de Febrero", las autoridades locales inauguraban un monumento en homenaje al Gral. Juan Domíngo Perón.
Hacía apenas unos meses, que su esposa, María Eva Duarte había fallecido y al pueblo le costaba olvidarla.
San Nicolás estaba siendo favorecido por el cambio de modelo agroexportador, al de insdustrialización por sustitución de importaciones.
En 1947 se había nacionalizado el Puerto que durante años estaba paralizado por sus propietarios que conformaban un grupo denominado "Sociedad Puerto".
Luego vino la adquisición por parte del Estado Nacional, de la Planta de Alcohol Anhidro de San Nicolás, comunmente conocida como Alcoholera.
Y finalmente con la aprobación del Plan Siderúrgico Nacional elaborado por el Gral. Manuel Nicolás Savio, la instalación el Punta Argerich, Partido de Ramallo de lo que se llamó "planta de hojalata".
Por supuesto que entonces hacía falta, la puesta en marcha de recursos energéticos para suministrar electricidad a una ciudad que iba a crecer y a la planta industrial hasta que ella tuviera su propia fuente de energía.
El Secretario de Asuntos Políticos de Perón, el nicoleño Román Alfredo Subiza, puso su automóvil en las vías para que un tren que pasaba por aquí con destino a las Usinas Los Calchines en la zona cuyana, no pasara y en cambio descargara esa tan ansiada usina eléctrica.
Y aqui quedó y fue emplazada una nueva usina termoeléctrica. Esta historia que pocos conocen, me fue contada por el propio chofer de este funcionario.
La cuestión es que, la Revolución Fusiladora de 1955 queriendo borrar para siempre al peronismo de la Historia Argentina, demolió el mismo, como también uno similar en la Alcoholera y dónde estaba emplazado el antiguo puerto en el actual Parque San Martín.
Luego todos comenzaron a llamar a esas instalaciones como "Agua y Energía". Mas tárde como Central Termoeléctrica y finalmente con las privatizaciones menemistas, AES Paraná.
Nadie imaginó que, con dinamita primero e intentando el olvido después, no iban a poder borrar de la mente, esas vivencias que quedaron para siempre en el anecdotario popular.

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