lunes, 16 de abril de 2018

LA CONFORMACIÓN DE SAN NICOLAS, SIN FUNDACIÓN NI ORGANIZACIÓN



 Llegamos a otro 14 de Abril en que el Partido de San Nicolás, y cumpliendo con lo establecido en diversas normativas desde la primera vez en los tiempos del Intendente Casiano Ruíz Huidobro (1893), nuevamente se conmemora la Fundación de San Nicolás. Muchos saben que esto nunca ocurrió. Hay que decir que esto no le agrega o quita méritos a la ciudad, pero la existencia de una falsedad junto a hechos gloriosos de nuestra historia verídicos y científicamente comprobados, empañan a los mismos y siembran la duda.

Por eso escribo estas líneas para que recordar como comenzó todo esto y clarificar algunos puntos. Para eso debemos retroceder en el tiempo, hasta poder observar que durante 1866/1867 un agrimensor de apellido Arrufó, que se hallaba contratado por los descendientes de Rafael de Aguiar y Juana Paulina de Ugarte publica en las páginas del periódico “Amigo del Pueblo” una leyenda a la que llamo “El maldito” donde relata las peripecias de una persona que decide culminar con su vida arrojándose desde una barranca del Paraná y por el cual días después de este suceso, Aguiar y su esposa comenzaron a construir la Capilla y quedaba establecida la determinación de fundar el pueblo. Estaba claro que las diligencias efectuadas por Arrufó en 1867 entre ellas la confección de un plano donde aparece la leyenda “San Nicolás de los Arroyos fundada por Paulina Ugarte y Rafael de Aguiar en terrenos de su propiedad, sobre nueve manzanas de frente por otras tantas de fondo” (sic) para los descendientes de Aguiar, Teresa y Francisco Nicolás Salinas, fueron dirigidas a reafirmar la creencia oral y tradicional del acto fundacional y organizacional de San Nicolás por sus antepasados.

Un jovencito llamado Damián Menéndez con apenas 17 años (y a quien se considera el primer historiador de San Nicolás) logra publicar un ensayo que se denominaría “Historia de la Ciudad de San Nicolás de los Arroyos”. Eso ocurría en 1890 y con su escrito comienza la postura inicial de Fundación de San Nicolás el 14 de Abril de 1748. Vemos que luego de 152 años, aparece un primer relato que adjudica a Rafael de Aguiar la fundación de la ciudad. Una obra que en este aspecto no tiene el menor sustento lógico ni documental. Se puede observar que anteriormente no hubo una sola publicación que reconociera al 14 de Abril de 1748 como fecha de fundación. El expediente histórico que debe haberse iniciado para la fundación de la ciudad nunca se encontró porque jamás existió. A lo que se refiere este jovencito de 17 años en su libro (sostiene haber visto los papeles de la testamentaria de Aguiar con la fecha de fundación) es seguramente un trámite de escrituración de tierras o de reclamo por la propiedad de las mismas en las que el agrimensor Arrufó al que cita, estaba contratado por los descendientes de Aguiar por sus servicios profesionales. Si se dice que la ciudad de San Nicolás fue fundada por Rafael de Aguiar el 14 de Abril de 1748, no se puede sostener luego como lo han hecho algunos historiadores intentando salvar el hecho, que la fecha corresponde al día en que se otorgan estas tierras en dote de casamiento a Juana Paulina Ugarte de Aguiar. Aquí hay una contradicción, porque implícitamente estamos diciendo que no hubo fundación al sostener que esa fecha responde a un trámite administrativo. No existe además Acta de Fundación. Nadie en esos días, por aquellos tiempos podía andar en la vida fundando pueblos.

Había toda una legislación a cumplir para esas iniciativas y quien las desobedeciera se exponía ante el Virreinato (del Perú) y la Corona de España. Por otro lado, Rafael de Aguiar quería que su capilla fuese Vice Parroquia. Y para eso dona tierras, casa parroquial, etc AL SANTO, es decir a la Iglesia Católica y no al Cabildo de Buenos Aires. Esto lo certifica el Pbro Torti en sus manuscritos. Y cuando llega a estas tierras, las mismas ya estaban pobladas desde hacía muchos años, por lo que es difícil de entender que decida fundar un pueblo cuando la zona ya estaba poblada u organizar el mismo sin que documente esos pasos. En caso de querer fundar una localidad, había que cumplir con las reglas establecidas que eran abrir calles, donar solares o terrenos para Comisaría y otros edificios públicos, etc.) o al menos informar regionalmente al Alcalde de la Santa Hermandad y al Comisionado del Cabildo (los dos eran reconocidos vecinos del lugar) quienes a su vez informarían a las autoridades de Bs. As. . Nada de eso ocurrió. No hay una sola comunicación escrita en ningún archivo local o nacional. Si a pesar de todo Aguiar hubiese llevado a cabo esto, se desconoce que nombre le podía haber colocado al poblado a fundar, pues el nombre San Nicolás de los Arroyos recién aparece en los documentos muchos años después de la muerte del matrimonio Ugarte-Aguiar. Y cuando muere Juana Pauilna Ugarte de Aguiar, un año después que Rafael de Aguiar, en su testamento que se da a conocer entonces se declara “vecina de la Capilla de San Nicolás de Bari” y NO, “vecina del pueblo de San Nicolás o del pueblo que fundara mi esposo” ¿porqué omitiría eso?. Sencillamente porque la localidad no fue fundada. Otra prueba lo constituye el hecho de que ante la muerte del matrimonio fundador, los hijos deciden vender las tierras ¿si estaba fundado el pueblo, los hijos entonces recibieron en herencia UN PUEBLO? Un caso inédito en la Argentina. Diversos historiadores sostuvieron durante muchos años que Aguiar fundó, donó tierras y el casco constaba de nueve manzanas. No hizo tal cosa. Muchas décadas después de su muerte se practicó la mensura o medición para determinar cuáles eran sus tierras en herencia de sus hijos. Y allí recién se forma el dámelo de 9 manzanas.

 En 1864 el Juez de Paz y Presidente de la Municipalidad Dr. Mariano Marenco comunicó al Ministerio de Gobierno de Bs. As. “que todo el ejido del Partido es de propiedad particular, no habiendo existido jamás ninguna tierra de propiedad pública” lo que desarma la falsa creencia de donación de tierras y solares para organizar un poblado. Pero no todo termina allí; Aguiar no es Aguiar. Nunca fue retratado ni fotografiado (la fotografía o daguerrotipo no existía). En base a unos dibujos aparecidos misteriosamente cerca de doscientos años después, se hizo un retrato y sobre el mismo un posterior busto. Esto fue denunciado por el historiador José E. de la Torre en 1958. De haber existido su retrato o bosquejo el rostro hubiese sido reconocido por décadas (desde 1748 hasta mitad del siglo XX al menos). Por lo tanto se desconoce de quien es el rostro del Busto que rinde homenaje a Aguiar en San Nicolás como así también de algunos retratos o bosquejos que luego se hicieron y circulan por ahí. Damián Menéndez se llevó por la historia o fábula sostenida por Arrufó, le adjudicó una fecha de fundación (que al parecer es un trámite administrativo aún no corroborado) y creyó que desde la misma fecha se organizó la ciudad en 9 manzanas.

 Se dijo que el Acta de Fundación se había destruido en un saqueo a San Nicolás cuando la misma no existió, haciéndose eco de rumores que se referían a la destrucción del Acta declarando a San Nicolás ciudad (1819) que nunca se encontró y que podía haber sido víctima de tales sucesos. Entre 1748 y 1891 (cuando aparece la obra de Damián Menéndez) nunca se conmemoró ni festejó la fundación de San Nicolás (sí la declaración de Ciudad por el Congreso de Tucumán) sencillamente porque se sabía que no había sido fundada San Nicolás. Rafael de Aguiar era un fervoroso católico y todos sus esfuerzos físicos y económicos estaban destinados a la construcción de su Capilla y que la misma sea declarada Vice Parroquia.

Se ha comprobado con lo expuesto que no tuvo otro noble objetivo. Por ello no pudo organizar algo que no quiso o no pudo emprender. Donar tierras para una fundar una localidad era despojar a su esposa e hijos de gran parte de su herencia. Murió tres años después de concluida la Capilla que era su máxima aspiración y en torno a la misma se fue conformando naturalmente San Nicolás y su ejido urbano hasta adoptar su moderna y conocida fisonomía a mediados del siglo XIX.