viernes, 11 de noviembre de 2011

La defección. 11 de Noviembre del 2011

La defección Por Ricardo Darío Primo Que fea palabra. Sin embargo su significado está latente en estos últimos días en alguna que otra persona que conozco: “deserción, abandono desleal de una causa o un partido”. Y es el término correcto para encabezar esta nota. Porque como dicen, la victoria siempre tiene muchos padres y la derrota en cambio es huérfana. Quizás pensando así, estas personas surgen de la nada auto adjudicándose la primera de ellas, sacando “chapas” de haberla acompañado aunque sea “interiormente en sus principales ideales o espíritu” y de haber adherido “siempre” a su máximo líder o referente político. Pero más ridículo y lamentable es observar la “defección” en personas que uno conoce desde toda la vida y que con esta “borocotizaciòn posmoderna” no pueden engañar. En nombre de un falso progresismo intelectual (que nunca acompañaron), muchos aducen metamorfosis o cambios ideológicos en el transcurso de sus vidas. Así intentan justificar lo injustificable. Aparecen ahora en escena, como abanderados de siempre y simpatizantes del líder al que nunca acompañaron. Personas que pretendieron enarbolar durante sus vidas, una conducta correcta, afín a sus principios e ideales, y borran de un codazo de días, lo cultivado durante años. Eso me demuestra que la vejez no siempre está acompañada de sabiduría. Porque una cosa es la misma y otras las “clásicas avivadas” o “vulgares acomodaticios” que buscan el calor del poder político de turno. Así se tornan miserables de espíritu. Dicen que cambiar es bueno. Que es símbolo de progreso. Pero ese cambio debe ser progresivo en la vida y acompañada de conductas que la muestren como genuino, legítimo y no “circunstancial”. La defección va más allá. Y resulta más repugnante saberlo de quienes por su edad y trayectoria deben ser ejemplos de coherencia y honestidad intelectual. La crudeza de la vida, la ignorancia de muchas personas, la ausencia de protagonismo, y la disminución de la autoestima no deben justificar tal salto. Es preferible hundirse con sus ideales que subirse a la balsa del ganador prostituyéndose ideológicamente y más trágico aún es intentar justificar ese acto, mediante acciones o declaraciones periodísticas queriendo mostrar a la luz pública algo de lo que se carece en el mismo medio. Espero sinceramente, que cuando llegue a esa edad dónde la serenidad y la sabiduría de los años, guíen por completo mi vida, no me ocurra lo mismo y me vuelva un vulgar y ordinario “chupamedias” de los vencedores de turno. De ser así, otro tendrá derecho de escribir al igual que yo, estas líneas dedicadas a la “defección”.

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