domingo, 10 de julio de 2011

9 de Julio - LA INDEPENDENCIA DEBE SER AFIANZADA


1816 – 9 de Julio – 2011
La Independencia debe ser afianzada
Por Ricardo Darío Primo
ricardodarioprimo@hotmail.com

No había por entonces un momento más desfavorable para dar ese histórico paso. Sin embargo ellos decidieron hacerlo. El absolutismo monárquico estaba afianzándose en el continente europeo, ciertos movimientos realistas triunfaban desde México hasta Chile. Solamente nosotros teníamos un gobierno americano.
El Congreso de Tucumán comenzó a sesionar a fines de marzo de 1816 y estaban representadas casi todas las provincias de entonces, menos el litoral y la provincia de Santa Fe dónde Artigas ejercía su influencia. Sostienen diversos autores que su negativa a participar de dicho Congreso se debía a las intenciones por parte de algunos sectores porteños de considerar la independencia de la Banda Oriental, a lo que el caudillo respondió “Ni por asomo”. Sus representantes a la Asamblea del Año XIII habían sido rechazados y más tarde el Congreso de Arroyo de la China convocado por el mismo, declaró la independencia nacional, pero fue ignorada por Buenos Aires, y se la considero nula, carente de valor.
A partir de 1810, había ido madurando la idea de “Independencia”. Era una medida de trascendencia que iba imponiéndose por fuerza de las circunstancias. Se requería valor para hacerlo conociendo los temores que generaba la represión realista que avanzaba desde el norte.
San Martín la reclamaba; su sable estaba listo a ser desenvainado para comenzar la epopeya libertadora de América. Belgrano ya había informado que en tal empresa era difícil recibir apoyos de países europeos. Este camino debíamos iniciarlos solos. Y así fue. La declaración de nuestra Independencia se concretó el 9 de Julio de 1816 luego de la pregunta del presidente del Congreso Narciso Laprida sobre si “quieren que las provincias de la Unión sean una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli” los presentes respondieron aprobando por aclamación la misma.
Vendría luego la discusión acerca de la forma de gobierno, donde Belgrano propuso una monarquía a cargo de un descendiente de los Incas.
Con ese acto, comenzó realmente la lucha de estas tierras por su independencia. El 9 de Julio de 1816 no fue el final de algo, sino el comienzo de una nueva etapa que debería afrontar numerosos peligros que la acechaban ya, desde 1810.
“D. Manuel José García consejero de Estado, instruirá a V.E. de mis últimos designios con respecto a la pacificación y futura suerte de estas provincias. Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver de un modo indudable a los hombres de juicio y opinión que este país no está en edad ni en estado de gobernarse por sí mismo y que necesita una mano exterior que lo dirija(…) antes que se precipite en los horrores de la anarquía (…) En estas circunstancias solamente la generosa Nación Británica puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a estas Provincias que obedecerán su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer, porque conocen que es el único remedio de evitar la destrucción del país” (Carlos de Alvear. Carta de Alvear a Lord Strangford, Bs. As. 25 de Enero de 1815)
Independencia, es un concepto político que apareció con la declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 (Arciniegas Germán “El Invento de la Independencia” en América, en Europa, Bogotá, Planeta, pp 123-144) y surgió asociado a la lucha contra el colonialismo europeo. Los patriotas conocieron ese hecho histórico de trascendencia mundial y tomaron el mismo en su verdadera dimensión.
Sin embargo, ese colonialismo conocido en aquel contexto histórico como de “ocupación territorial” luego de las guerras por la independencia, adoptó otras formas de dominación (económicas cultural, etc.)
Por eso nuestra Independencia, comenzó en el momento de no aceptar tales supremacías. El 9 de Julio de 1816 fue el puntapié inicial donde ese concepto se enarboló con la intención de mantenerlo vigente frente al paso del tiempo. Ese fue el pensamiento supremo.
Un compromiso que fueron tomando diversas generaciones de argentinos ante clásicas intenciones de sojuzgarlo.
Hagamos honor a esos hombres, renovando su compromiso y evitando ceder lo que tanto nos costó lograr.

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