martes, 22 de marzo de 2011

1976 -24 de Marzo- 2011 Lo que el "Proceso" nos dejó…


1976 -24 de Marzo- 2011
Lo que el Proceso nos dejó…
POR
Ricardo Darío Primo
ricardodarioprimo@hotmail.com



Entre 1955 y 1976 se llevo a cabo en el país, lo que muchos historiadores consideran como una “etapa de crisis permanente de las instituciones democráticas”. Desde el derrocamiento de Perón, en 1955 se turnaron en el poder gobiernos civiles y militares. Las FF.AA afianzaron su papel de guardianes de la vida civil y rectores de la conciencia. Los argentinos se acostumbraron a sus incesantes planteos, por ejemplo a los gobiernos de Frondizi e Illia, en un contexto internacional que les adjudicaba el papel de herramientas al servicio del Departamento de Estado norteamericano en su lucha contra el comunismo en Latinoamérica.
El Golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976 fue bien recibido por algunos sectores de la sociedad, particularmente quienes creían que con la intervención de las FF.AA –una vez más- se reinstalaría el orden y la tranquilidad, sacudidos por organizaciones armadas que creían en el uso de la violencia como herramienta política. Pero este orden y tranquilidad era el de las tumbas. Y esto diferenció a la etapa que se autodenominó como “Proceso de Reorganización Social” del resto de los movimientos y golpes militares. Detrás de ese grupo golpista, estaban también los sectores económicos que esperaban su turno para establecer las bases de un liberalismo económico que campeara a la crisis internacional de 1974 y que golpeando profundamente los logros del sector obrero, propugnara la desaparición del llamado “estado de bienestar”.
Clarín, el 26 de Mayo de 1976 publicaba palabras del presidente de facto Videla:
“Las Fuerzas Armadas no fueron escuchadas. Como consecuencia de ello y previendo la inexorabilidad de la crisis, se prepararon para hacer frente a esta situación y las Fuerzas Armadas como institución, dieron una respuesta institucional a una crisis también institucional”
La Junta Militar integrada por las tres fuerzas (Armada, Ejército y Fuerza Aérea) se consideró en condiciones de dictar todo tipo de actos (reforma constitucional, leyes, resoluciones, instrucciones y también condenas bajo la apariencia del nombre de “actas institucionales”.
Comenzó la detención, desaparición y tortura de miles de personas bajo el cargo de integrar o facilitar el accionar guerrillero. Se instituyeron centros clandestinos de detención.
Rodolfo Walsh sostuvo “En el último trimestre de 1976 el número de muertos en el campo popular osciló entre 200 y 300 por mes.” y “El presupuesto de guerra, superior a los mil millones de dólares es el más alto de la historia (…)”
Se implementó un programa económico liderado por José Alfredo Martínez de Hoz diseñado desde los altos centros de poder económico internacional que al introducir productos foráneos acrecentó la deuda externa y arruinó la industria nacional haciendo caer en forma estrepitosa las exportaciones del país. Los beneficiadores eran aquellos a quienes se les bautizaba como integrantes de “la patria financiera”, grandes bancos y sectores especuladores. Su logro más importante fue el de ganar y preservar un importante poder de decisión en el interior del país, para los representantes más conspicuos de quienes manejan el dinero y las relaciones con los centros financieros internacionales.
La represión ideológica formó parte de un sistema y abarcó desde la canción popular, al cine, las ediciones de libros, textos escolares y revistas. Hubo artistas “prohibidos” y “listas negras”. Santiago Kovadloff la bautizó como “cultura de catacumbas”. María Elena Walhs sostuvo sobre la realidad cultural de entonces:
“El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un país jardín de infantes fabricador de embelesos que solo pueden abordar lo pueril, lo procaz o lo histórico pasado por agua bendita”.
Se realizó el famoso “Mundial 78” de fútbol. Según Felix Luna: “…fue pues paradigma de los métodos del “Proceso” de su exitismo, su desaprensión y su permanente afán por ocultar, tras una apariencia de tranquilidad, orden y eficiencia, una realidad de muertos y desaparecidos, prisiones clandestinas, especulación y pobreza; una suma de discrecionalidad como la que manejaba el país en aquellos años…”
El contexto latinoamericano no difería en mucho al de nuestro país. Muchos gobiernos militares apoyados por EE.UU tenían el control de sus países. Y esto lo convertía en una zona de probables conflictos armados como el que estuvo a punto de producirse con Chile en relación al Beagle y las islas Picton, Lennox y Nueva. La intervención papal a través del cardenal Samoré pudo deternerla cuando en Diciembre de 1978 ya se estaba produciendo movilizaciones de efectivos rumbo al sur del país.
El imperio de la “plata dulce” tenía su apogeo. Grandes importaciones, desmedidas por cierto ocasionaron la quiebra de muchas empresas, la producción industrial decayó ostensiblemente creciendo el sector terciario, comercio, finanzas, servicios y los cuentapropistas. Un consumismo desmedido tomaba forma de la mano de una hiperinflación, donde la bicicleta financiera era empujada por altísimas tasas de interés.
La crisis llevó a relevos en la cúpula militar hasta que llega al poder Leopoldo Fortunato Galtieri. Se ensaya entonces, por cuestiones políticas de orden interno, la recuperación de nuestras Islas Malvinas que culmina el 14 de Junio de 1982 con la rendición de nuestras tropas.
El 24 de Marzo de 1976 se encuentra en nuestra memoria como una de las pesadillas más negras de la historia de nuestro país. Fue cuando la sociedad había perdido la fe en su clase política y una vez más -como ya lo había hecho antes- dejó las manos libres a las FF.AA para la resolución de sus problemas. A pesar de haber transcurrido 35 años desde entonces, sus heridas perduran en una sociedad que intenta fortalecer a sus instituciones para afrontar nuevas crisis de una manera distinta. Es el mejor premio que puede dejarnos esta triste experiencia. Esto sería entonces, aprender de nuestra historia.-

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