lunes, 2 de junio de 2008

EL ACUERDO DE SAN NICOLÁS

Reflexiones en torno al Acuerdo de San Nicolás

Por

Ricardo Darío Primo

ricardoprimo@ateneohyv.com.ar

Algunos nicoleños nos enorgullecemos de que en nuestra ciudad se haya firmado el famoso e histórico “Acuerdo” que posibilitó un año más tarde, la sanción de la Constitución Nacional.

Asimismo cuando esto ocurre, en forma reiterativa nos preguntamos que es lo que sucede, ya que el mismo pasa desapercibido por muchos y otros tantos, incluso aquí mismo, lo ignoran. Además escuchamos la perorata reiterada año tras año y no por eso mentirosa, que nos hace falta “un acuerdo” entre los argentinos.

Muchos dicen que ese histórico pacto es la base constitucional fundamental junto al Pacto Federal de 1831 y sus antecedentes más importantes.

¿Por qué no tuvo el Acuerdo de San Nicolás en nuestra historia nacional, la trascendencia e importancia que realmente merece? Sin dudas, la historiografía porteña, elaborada en la capital, representativa del idealismo que negó a Urquiza su protagonismo y por ende oscureció sus grandes logros; no estuvo muy convencida de la importancia que tuvo ese hecho histórico.

¿Y los nicoleños, mientras tanto que dijeron al respecto?

Víctimas de la distancia entre el interior y el puerto, de una identidad definida, olvidaron tras su despedida, al caudillo entrerriano que eligió su ciudad y al cual agasajó con un gran baile y asistencia de sus más distinguidas “niñas”, para luego poyar a Mitre quien en aquellos momentos culmines en Buenos Aires como legislativo porteño, desconoció este Acuerdo.

Y es más, nuestra ciudadanía, aceptó y glorificó a calle De La Nación, como la de la unión nacional, a raíz del paso de Mitre por esta ciudad, quizás guiñando un ojo a la casa de Alurralde dónde se firmo el Acuerdo de San Nicolás y que casualmente o no, se ve cursada en su frente con dicha arteria.

Una de nuestras típicas contradicciones

Así es que el máximo monumento de los nicoleños, símbolo de la unión de las provincias luego de Caseros y exponente máximo del poder Urquicista se ve transitada por su frente con una calle que recuerda a uno de sus máximos opositores, el mismo Mitre.

Y siempre, como hoy los nicoleños, víctimas del tiempo y de las malas jugadas, volvemos a reivindicar el Acuerdo de San Nicolás.

La Casa del Acuerdo, el lugar dónde se firmó el mismo, ya que según Martiniano Leguizamón en su obra cumbre de principios de siglo, sostiene que de acuerdo a la tradición “arroyeña”, las conversaciones y discusiones ocurrieron en la casona dónde se alojaba el gobernador de Santa Fe, Don Domingo Crespo, sobre la actual calle Italia/Francia cerca de De la Nación.

Y bajo esa dicotomía del interior y del puerto, grandes hacendados de entonces, hicieron pingüe negocios vendiendo ganados y caballadas a los ejércitos en pugna.

San Nicolás cuna de espías de Mitre y de Urquiza, tuvo en ese encuentro provincial del Acuerdo, un gran negocio económico ya que se cobro a los visitantes desde los pastelitos que comían, el vino carlón que tomaban, el asado, lavado y planchado de sábanas,etc. Las cuestiones idílicas solamente pasaron por la mente de los escritores.

Los gobernadores convocados por Urquiza, reaccionaron a su instinto de supervivencia y olvidando sus complicidades con el régimen rosista, hicieron “borrón y cuenta nueva” sumándose al besamanos del nuevo mandatario.

Pero no importa, el Acuerdo de San Nicolás sigue siendo nuestra más insigne fecha, nuestra bandera ante el resto de las provincias.

Identificó a la ciudad, hasta que ella se convirtió en la Ciudad del Acero y luego más tarde entre rezos y rosarios por los mal llamados “retiros voluntarios”, en la ciudad de María.

Y por eso los porteños quizás, no le dieron mucha importancia al Acuerdo de San Nicolás.

Porque para ellos significó el reconocimiento a Urquiza al que detestaron desde el primer momento en que desfiló en sus calles con su divisa punzó y las tropas brasileras que lo ayudaron a derrocar a Rosas.

Ese caudillo fustigado por Sarmiento, el prócer que lamentó haber expulsado a los ingleses en 1807, ya que con eso según él, “perdimos 50 años de civilización”.

¿Qué habrá pensado Urquiza cuando se enteró de que las mismas personas que lo recibieron en San Nicolás, lo adularon y le palmearon el hombro, a su regreso a Paraná, luego se pasaron al bando porteño, mitrita, renegando de sus posturas anteriores?

Que justa reflexión tuvo : “Toda mi vida me atormentara constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar en el modo como lo hice a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que con mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder” (Fragmento de una Carta de Urquiza a un personaje tucumano 18 años después de Caseros, de fecha 3 de Marzo de 1870 y publicada a fs 326, Tomo III de la Historia de la Gobernación de las Provincias Argentinas de Antonio Zinny, editada en 1920).

Pero no debemos mirar siempre las culpas ajenas. La casa dónde se celebró tan magno hecho, se mantuvo cerca de 80 años sin que los nicoleños se percataran de su importancia para la posteridad. ¿Por qué entre 1852 y 1935 renegamos de ese pasado? ¿Pudo más la identidad porteñista anidada en nuestra clase dirigente de medio pelo que el fuerte peso de la historia?

¿Fue casual que luego de la crisis de 1930 cuando los argentinos comenzamos a mirar hacia dentro, descubriéramos que era necesario preservar para la posteridad ese legado histórico y arquitectónico?

Sin embargo más de una persona siguió diciendo… del Acuerdo, la verdad es que no me acuerdo.


Pd. Olvidé mencionar, que el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos se firmó el 1 de Junio, pero por una orden de Urquiza (¿o elegante sugerencia?) se fechó 31 de Mayo para adherir a los festejos por el mes de nuestra fecha patria.

-Mayo del 2008-

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