martes, 5 de junio de 2007

Esta es mi opinión en torno al Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos

Reflexiones en torno al Acuerdo de San Nicolás

No me acuerdo del Acuerdo….

Por
Ricardo Darío Primo
ricardoprimo@ateneohyv.com.ar

Algunos nicoleños nos enorgullecemos de que en nuestra ciudad se haya firmado el famoso e histórico “Acuerdo” que posibilitó un año más tarde, la sanción de la Constitución Nacional.

Asimismo cuando esto ocurre, en forma reiterativa nos preguntamos que es lo que sucede, ya que el mismo pasa desapercibido por muchos y otros tantos, incluso aquí mismo, lo ignoran.

Escuchamos a grandes académicos decir que ese histórico pacto es la base constitucional fundamental junto al Pacto Federal de 1831 y sus antecedentes más importantes.

¿Por qué no tuvo en nuestra historia nacional la trascendencia e importancia que realmente merece? Sin dudas, la historiografía porteña, representativa del idealismo que negó a Urquiza su importancia y por ende oscureció sus grandes logros; no estuvo convencida de la importancia del Acuerdo de San Nicolás.

¿Y los nicoleños que dijeron al respecto? Víctimas de la distancia entre el interior y el puerto, de la falta de una identidad definida, olvidaron al caudillo entrerriano que eligió su ciudad y al cual agasajó con un gran baile y asistencia de sus más distinguidas “niñas”, para luego poyar a Mitre quien en esos momentos culmines en Buenos Aires como legislativo porteño, desconoció al Acuerdo.

Y es más, nuestra ciudadanía, aceptó y glorificó a calle De La Nación, como la de la unión nacional, a raíz del paso de Mitre por esta ciudad, quizás guiñando un ojo a la casa de Alurralde dónde se firmo el Acuerdo de San Nicolás y que casualmente o no, se ve cursada en su frente con dicha arteria. Una de nuestras típicas contradicciones

Así es que el máximo monumento de los nicoleños, símbolo de la unión de las provincias luego de Caseros y exponente máximo del poder urquicista se vea transitada por su frente con una calle que recuerda a uno de sus máximos opositores, el mismo Mitre.

Y siempre, como hoy los nicoleños, víctimas del tiempo y de las malas jugadas, volvemos a reivindicar el Acuerdo de San Nicolás.

La Casa del Acuerdo, el lugar dónde se firmó el mismo, ya que según Martiniano Leguizamón en su obra cumbre de principios de siglo, sostiene que de acuerdo a la tradición arroyeña, las conversaciones y discusiones ocurrieron en la casona dónde se alojaba el gobernador de Santa Fe Crespo, sobre la actual calle Italia/Francia cerca de De la Nación.

Y bajo esa dicotomía del interior y del puerto, grandes hacendados de entonces (LLovet) hicieron pingüe negocios vendiendo ganados y caballadas ambos ejércitos en pugna.

San Nicolás cuna de espías de Mitre y de Urquiza, tuvo en ese encuentro provincial un gran negocio económico ya que se cobro a los visitantes desde los pastelitos que comían, el vino carlón, el asado y el lavado y planchado de sábanas. Las cuestiones idílicas solamente pasaron por la mente de sus escritores.

Los gobernadores convocados por Urquiza, reaccionaron a su instinto de supervivencia y olvidando sus complicidades con el régimen rosista, hicieron “borrón y cuenta nueva” sumándose al besamanos del nuevo mandatario.

Pero no importa, el Acuerdo de San Nicolás sigue siendo nuestra más insigne fecha, nuestra bandera ante el resto de las provincias.

Identificó a la ciudad, hasta que la Ciudad del Acuerdo se convirtió en la Ciudad del Acero y luego más tarde entre rezos y rosarios en la ciudad de María.

Y por eso los porteños quizás, no le dieron mucha importancia al Acuerdo. Porque para ellos significó el reconocimiento a Urquiza al que detestaron desde el primer momento en que desfiló en sus calles con su divisa punzó y las tropas brasileras. Ese caudillo fustigado por Sarmiento, el procer que lamentó haber expulsado a los ingleses en 1807, porque con ellos perdimos 50 años de civilización.

¿Qué habrá pensado Urquiza cuando se enteró de que las mismas personas que lo recibieron en San Nicolás, lo adularon y le palmearon el hombro, a su regreso a Paraná, luego se pasaron al bando porteño, mitrita, renegando de sus posturas anteriores? Que justa reflexión tuvo “Toda mi vida me atormentara constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar en el modo como lo hice a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que con mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder” (Fragmento de una Carta de Urquiza a un personaje tucumano 18 años después de Caseros, de fecha 3 de Marzo de 1870 y publicada a fs 326, Tomo III de la Historia de la Gobernación de las Provincias Argentinas de Antonio Zinny, editada en 1920).

Pero no debemos mirar siempre las culpas ajenas. La casa dónde se celebró tan magno hecho, transcurrió cerca de 80 años sin que los nicoleños se percataran de la importancia para la posteridad. ¿Por qué entre 1852 y 1935 renegamos de ese pasado? ¿Pudo más la identidad porteñista anidada en nuestra clase dirigente de medio pelo que fuerte peso de la historia? ¿Fue casual que luego de la crisis de 1930 cuando los argentinos comenzamos a mirar hacia dentro, descubriéramos que era necesario preservar para posteridad ese legado histórico y arquitectónico?

Sin embargo más de una persona siguieron diciendo… del Acuerdo, la verdad es que no me acuerdo.


Pd. Me falto decir que el Acuerdo de San Nicolás se concretó el 1 de Junio de 1852 y por orden de Urquiza (¿o ustedes opinan que fue una amable sugerencia?) se colocó la fecha 31 de Mayo para adherir al mes del primer gobierno patrio (1810)




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