miércoles, 29 de noviembre de 2006

Sobre “Algo habrán hecho”

Desde hace unos días, la Historia volvió a ser tema de charla en algunos ámbitos a raíz de la nueva etapa del programa “Algo habrán hecho” que protagoniza Mario Pergolini y Felipe Pigna.

Muchos están “descubriendo” un poco la Historia y otros se están dando cuenta de algunas cuestiones que antes pasaban desapercibidas.

El programa televisivo tiene como base fundamental para su guión, el libro “Los mitos en la Historia Argentina” dónde su autor, el Profesor de Historia Felipe Pigna, hace una especie de “neo revisionismo” tomando algunos hechos, aislados muchos de ellos entre sí, para introducirlos como “novedad” o descubrimientos de algo que muchos ya conocíamos.

La compañía de Mario Pergolini y sus intervenciones en el programa (muchas de ellas deslucidas y desubicadas) otorgó al programa una dinámica con la que muchos jóvenes estudiantes y otros no tantos, se sumergieron en nuestro pasado descubriendo y asimilando la historia misma, como el programa la presenta.

Las críticas a esta producción se alzaron desde distintas entidades muchas de ellas encargadas de velar por la imagen de ciertos próceres y otras de asociaciones encargadas de mantener el “status quo” actual.

También es cierto que no es la primera vez en que el arte televisivo o cinematográfico entra en conflicto con nuestro pasado. La teatralización o representación de ciertas escenas o situaciones, pueden parecernos reales cuando en realidad están distanciadas de lo sucedido históricamente.

El tiempo real empleado en representar ciertas coyunturas históricas, hicieron que se soslayaran cuestiones que tuvieron fuerte incidencia en ellas y por eso, se las simplificó para que el común de la gente pudiera asimilarlas.

Cabe el mérito al programa, del empleo didáctico de ciertos recursos de animación y computación para hacer llegar a la masa televisiva un formato más ameno y agradable de ciertos datos y números.

Sin embargo y teniendo en cuenta la simplificación y puesta en escena de situaciones que en la realidad fueron mucho más complejas que su artística representación, los jóvenes o muchos desaprensivos televidentes, corren el riesgo de asimilar tales situaciones como el fiel reflejo de nuestro pasado.

Y ese es un riesgo que se toma cuando se emplean estos programas en la educación, sin la correspondiente ayuda y aclaración del profesional de historia.

El mérito fundamental es instalar nuevamente el debate sobre nuestro pasado, aún cuando nuestras conclusiones no vayan a cambiar los hechos ocurridos ni sumar o quitar méritos a sus protagonistas.

La historia argentina da para mucho más que programas televisivos y por suerte en esta etapa, el mismo Pergolini guarda un adecuado silencio en muchas ocasiones, que en la primera etapa no tuvo y que lo hizo merecedor de numerosas críticas.

Lo que sí es que deberán convivir con ellas a pesar de que Pigna las considere “provenientes de sectores miserables” porque en definitiva la Historia Argentina es patrimonio de todos los que habitamos este país y cada cual, pese a los productores de ese programa, hemos construido nuestra imagen de ella como nuestra imaginación nos la brindó y como quisimos, también a despecho de muchas verdades históricas que aún reposan en los archivos esperando su calificado y científico análisis.

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