lunes, 6 de noviembre de 2006

Un ADN por favor

Ahora comenzamos a escribir de otra manera la Historia. Porque la ciencia que está al servicio del hombre también puede estar al servicio del pasado de ese hombre. Claro que para ello debemos vencer todos los prejucios que impedirían dicha acción.
¿Puede cambiar algo lo realizado por San Martín, el hecho de comprobarse que fue hijo de una india?. Esta es mi opinión.

En la historiografía argentina, generalmente dedicamos el mes de Agosto, el mes del calendario dedicado al emperador Augusto, a recordar el fallecimiento del General Don José de San Martín, precisamente, el 17 de Agosto de 1850.

Y seguramente se repetirán los homenajes, colocación y de ofrendas florales y discursos de rigor.

San Martín sigue siendo el Padre de la Patria, porque las Provincias Unidas del Río de la Plata, hoy República Argentina, le debe al gran general, su independencia y libertad.

Pero conocer la gran tarea de San Martín, no debe significar para los argentinos, convertirnos en fundamentalistas que se niegan a que le hablen del prócer como una persona de carne y hueso, con virtudes y defectos.

De hecho nada de lo que se diga, puede cambiar la realidad de su legado. Por más que al decir de José García Hamilton en su libro “Don José”, este era hijo de una india o que combatió en alguna batalla bajo los efectos de los medicamentos.

Tampoco como Juan Bautista Sesean, que conoció de antemano un plan británico (Maitland) que llevó a cabo a la perfección coronando de éxito todas sus etapas y que es precisamente lo que hizo el gran general en nuestras tierras, Chile y Perú.

Nada cambiará su legado. Sus enseñanzas y sus principios inmortalizados como lo conocimos entre otras, en las máximas para su hija Mercedes.

Que se haya iniciado en la Francmasonería y que ésta institución lo reconozca como uno de sus miembros, mostrando incluso medallas acuñadas entonces en alguna logia de Bélgica. Sigue siendo San Martín, el máximo prócer.

Por eso no cierra, la conocida tozudez de negarse a reconocer o mejor dicho de negar que San Martín en estas tierras haya tenido un fuerte acento español. Porque una persona que está en la madre patria algo más de veinte años, difícilmente borre su acento con unos meses en nuestra tierra.

Entonces ¿Porqué, por ejemplo en el film “El Santo de la Espada” protagonizado por Alfredo Alcón, basada en el libro de Ricardo Rojas del mismo nombre, se lo “argentiniza” borrando su genuino acento? Y no me voy muy lejos. Recientemente en el Teatro Municipal de San Nicolás se presentó la obra “Guayaquil” dónde el famoso y conocido actor Lito Cruz protagonizó nuevamente a San Martín como un criollo más, sin acento español.

Reconocer a San Martín con tono metropolitano, ¿puede dañar su gran obra? ¿Y entonces porque no comenzamos por la verdad de las cosas?.

Para nosotros San Martín fue el arquetipo de libertador. Pero los españoles no pensaron lo mismo de quien compartió con ellos veinte años en el Ejército real y que realizó el mismo juramento de fidelidad al rey de España.

Pero no debe importarnos lo que ellos pensaron, porque de todas maneras, la causa que eligió San Martín era la causa de los débiles, de los despojados por la expoliación de una corona que no veía con los mismos ojos a los nacidos aquí.

San Martín pasó a la inmortalidad, a las 15 horas del 17 de Agosto de 1850. Cuando fueron repatriados sus restos, la Iglesia Católica, al conocer su filiación masónica, se rehusó a que sus restos descansaran en el suelo sagrado de la Catedral de Buenos Aires, por ello descansan en su ingreso.

Incluso, colocaron su féretro en forma inclinada ya que algunos sostienen que de esa manera, los masones se iban directamente al infierno. Otros argumentaron que fue un simple y desprevenido error de medidas.

Con San Martín también murieron algunas virtudes que muchos dirigentes posteriores no conocieron.

Por ello el 17 de Agosto, es una fecha para recordar la despedida de un grande, de alguien que lucho por los demás y cuya honestidad fue ejemplo para todos los argentinos.

Por más que se lo critique, que se lo desconozca en profundidad, él siempre será el Gran Capitán.